Por ese tiempo el alboroto en el corazón no me dejaba dormir. Como el ladrido del perro (a mitad de la noche) enciende el ladrido de los demás perros; los sentimientos se iban despertando y amontonando, hasta a veces me hacían doler.
Eran aquellos besos, yo sabía. Y a pesar de siempre haberme quejado de estar en estos casos al margen del corazón, esta vez aún podía decidir.
Esa noche volví a pasar por el corazón, la recordé; y desde entonces la espero.





1 criticas constructivas:
Son tres relatos en uno, el primero hace mención a que es un perro el que relata, ¿gente insomne?
Publicar un comentario