Vagamundo
Septiembre acababa y, aunque el verano se negaba a retirarse, refrescaba ya al atardecer. Oraimi, lejos de su Caribe natal, sufría enseguida el relente del Cantábrico, por lo que detuvo la silla de ruedas y abotonó el abrigo de Sarito. La anciana posó entonces su mano sobre la de la joven y dijo con su voz quebradiza: “gracias cariño”.





1 criticas constructivas:
gente transplantada hacia otros destinos, historias que dicen más de lo que se lee
Publicar un comentario