
La nave fue y volvió, llena de marineros avezados, unos cuantos soldados y un militar condecorado, un gerifalte...
Tornó con el mascarón del tajamar demacrado: la tripulación había maltratado, violado, torturado y asesinado a demasiados indios e indias... Las Américas se habían convertido en un averno calvario...
El joven franciscano pisó tierra, cabizbajo, sin atreverse a volver la vista atrás...
Había decidido colgar los hábitos... Y a buena fe que aquel Adán y Eva, aquellas dos pesadas figuras de oro macizo chibchas que ocultaba entre sus pertenencias, lo ayudarían a no recordar lo que ya había olvidado.
- ADIEMLA





2 criticas constructivas:
Una visión histórica posible, por lo menos las bases de las injusticias y el saqueo, un personaje literario que desprende su humanidad morbida de olvido para continuar, uno de los relatos que más me han gustado.
Realista y preciso. Incluso los hombres que iban en “son de paz” se aprovechaban de las riquezas de los pueblos indígenas... La codicia es más fuerte que la humanidad.
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