Cuando murió mi nana, fuimos nosotros los que desaparecimos de su vida. Dice mi tío Lalo que la abue solamente recordaba de seis años para atrás. Ahora en la sala de su casa, que ya no es nuestra, recuerdo las ocasiones que Mamalina me miraba cuando rompía algo por mis travesuras. Ella me perdonó todo sin saber que era su nieto. Por eso digo que Mamalina no estaba enferma, los enfermos no ríen, no aman y no perdonan. ―El amor dura para siempre― decía mi nana ―sólo que en veces olvidamos donde dejamos el corazón.
Atardecer.





1 criticas constructivas:
Un buen texto, plantea las cosas desde otra visión.
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