El corazón latía apremiado por un impulso desconocido. Un olor ignorado brotaba de su piel y el vello se encrespaba. La intuición le hablaba de una oscuridad futura. Presentía que ese estremecimiento original mudaría en cotidiano. Instintivamente tenía la certeza cabal de haber cometido “el gran error”, el imperdonable, el inadmisible. No debió escuchar aquellas palabras sibilantes que aguijonearon su codicia. Todo lo consabido podía derrumbarse e inauguró la incertidumbre. Aún así, la mirada de Eva se iluminó cuando la curiosidad aquietó el vaivén de su alma frente a lo desconocido. Por primera vez, Eva sonrió a pesar de todo.
Alejandra Escudero





1 criticas constructivas:
Se llenan los vacios que dejan los mitos biblicos, curiosamente me parecen interesantes este tipo de textos.
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